¿Cuál es la versión más antigua que conservamos de la Biblia hebrea? ¿De qué siglo es? ¿Era muy diferente de las versiones canónicas posteriores? ¿En qué versión se basan nuestras Biblias actuales?
En este estudio trataremos de una obra monumental de la antigüedad cristiana: la Hexapla de
Orígenes.
Hexapla es un nombre griego que significa “Seis partes”; y Orígenes fue uno de los primeros padres de la Iglesia, un teólogo de mente brillante y corazón profundo que escribió numerosos tratados y buceó en el misterio de Dios. Orígenes comprendió la importancia de conocer bien las Sagradas Escrituras pero, al mismo tiempo se dio cuenta de que circulaban muchas versiones, algunas incompletas, con errores o discrepancias unas respecto a otras. Vio la necesidad de poner orden y aclarar, de ahí que emprendiera su magna obra, considerada el primer estudio crítico y comparativo de la Biblia en la antigüedad.
La Hexapla
Orígenes emprendió su tarea con mucha paciencia y
dedicación. Tomó seis versiones del Antiguo Testamento y las escribió en seis
columnas, para poder compararlas y extraer de ellas conclusiones que le
permitieran conocer mejor el auténtico sentido de los textos.
Las seis columnas de la Hexapla
- La primera era la versión que entonces circulaba sobre el texto hebreo, la más difundida.
- La segunda era una transcripción literal del texto hebreo en caracteres griegos.
- La tercera era una traducción al griego de Áquila de Sinope, un prosélito judío convertido al cristianismo y después al judaísmo. Intentó hacer una versión lo más fiel posible al texto hebreo, aún a costa de sacrificar la gramática y el estilo. En su tiempo fue una versión muy valorada por su fidelidad, aunque resultara un tanto rígida y difícil de lectura para los no conocedores de la lengua hebrea.
- La cuarta columna era otra versión griega, de Símaco, del que poco se sabe. Algunos autores dicen que era ebionita, una secta judeocristiana que propugnaba la pobreza; otros dicen que era un samaritano converso a la fe en Jesús. Símaco era un hombre culto y prefirió que su traducción fuera más fluida y apta para ser comprendida por los lectores gentiles. San Jerónimo la elogió por su elegancia, pero criticó algunas licencias que se permitió al traducir.
- La quinta columna era el texto de la Septuaginta o Biblia de los LXX. La conocemos bien, era la versión que utilizaban los judíos de la Diáspora de habla griega, y la que manejaban los autores del NT.
- La sexta era la versión griega de Teodoción, otro prosélito griego convertido al judaísmo, según Eusebio de Cesarea procedía de Éfeso. Su traducción se acercaba más a la Septuaginta.
¿Conservamos algún original o ejemplar de la Hexapla?
No, por desgracia. Pero conocemos la obra porque fue muy
citada por los padres de la Iglesia y en otros manuscritos se transcriben
fragmentos de esta obra. A finales del siglo XIX por fin se descubrieron varios
fragmentos, uno de ellos en un palimpsesto. Un palimpsesto es un documento
manuscrito que se ha borrado para sobreescribir encima. Pero como la tinta
nunca desaparece del todo, con las técnicas adecuadas es posible recuperar el texto original.
Hasta los tiempos modernos, la Hexapla de Orígenes ha sido la única obra de estudio comparativo y crítico de la Biblia, base del trabajo de muchos autores posteriores a él.
¿Qué pretendía Orígenes?
Quería desvelar el sentido original de las escrituras comparando
los escritos. Teniendo como referencia el texto hebreo, lo fue comparando con
las traducciones griegas e ideó un sistema de signos:
- En la columna de la Septuaginta escribió unos signos.
- Allí donde faltaba un texto que sí aparecía en la versión hebrea, ponía un asterisco. *
- Allí donde la versión griega tenía una frase que no aparecía en la hebrea, ponía un obelos u obelisco. #
Texto y contexto
Hoy los biblistas discrepan del método de Orígenes. Los LXX
es una traducción antigua, realizada en el s. III a.C. por judíos de la
Diáspora que sabían lo que hacían. El texto hebreo que utilizó Orígenes, ya
entrado el siglo III d.C. y posterior a la Septuaginta, no tenía por qué ser
necesariamente el más auténtico. Simplemente ambas versiones reflejaban un
punto de vista diferente del escriba, y también un contexto diferente.
Pongamos un ejemplo actual.
Hoy se publican muchísimas Biblias, y cada
versión es diferente respecto a las otras. No cambia el mensaje ni el sentido
esencial, pero sí la expresión. ¿Por qué? Porque los editores piensan en su
público lector. No es igual una Biblia en castellano para hispanoamericanos que
la Biblia en castellano de España. Hay expresiones, verbos y matices,
vocabulario que para los lectores de América resultan más familiares; en
cambio, a los lectores de España no tanto. El ejemplo más claro es el uso de
vosotros y ustedes.
Lo mismo sucede cuando se quiere editar una Biblia para
niños: el contenido básico no cambia, pero sí la expresión. Y muchas veces, en
este caso, se omiten capítulos o fragmentos que se consideran poco aptos para
menores.
De la misma manera, en la antigüedad, cuando se traducían las Sagradas Escrituras el editor o escriba procuraba dos cosas:
Una: mantener la fidelidad al texto antiguo.
Dos: hacerlo comprensible a sus lectores. De ahí la traducción y la adaptación de algunas frases o expresiones.
Como no hay dos autores iguales, lógicamente cada
manuscrito o códice difería de otros. Esto, sin contar con los posibles errores
de transcripción, que a veces podían alterar nombres o incluso frases.
¿Qué importancia tiene esto?
Las variantes en los textos bíblicos son muy interesantes
porque reflejan el contexto del escrito: de su autor, de sus receptores, del
mundo y de la vida cristiana en un momento histórico. Dicho esto, hay que decir
que todas estas variantes no alteran el significado fundamental del texto
bíblico. Aunque a veces aportan matices diferentes, o incluso información diversa, en lo esencial, el
mensaje es el mismo. Y esto hay que tenerlo en cuenta.
Veamos otra imagen. Pensad en un coro de muchas voces. Todos
los cantantes entonan la misma melodía, pero cada cual su tonalidad, su timbre
de voz, su matiz peculiar. No hay dos iguales. Esto sucede con las diferentes
versiones de la Biblia. Todas cantan la misma canción, todas entonan el mismo
himno, pero cada una lo hace con su propia voz.
El conjunto es unitario, armónico y hermoso. Lo que canta
uno, lo cantan todos. Las diferencias no son un problema, sino una riqueza.
Como dicen los biblistas, la Sagrada Escritura está inspirada por Dios, pero
escrita por mano de hombre. La melodía es divina, las voces son humanas.
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